Parecía estar durmiendo. Pero no, porque su respiración no empañaba el vidrio. Gente llegaba, lo veía, lloraba y se iba. Él en medio de todos nosotros y nosotros rezando para que su alma llegue a la gloria del señor.
Lagrimas corrían en forma recta por las mejillas de su esposa, mirada perdida, respiración rápida, gimoteo, mocos van y viene. Pañuelos de papel y manzanilla con gotas de valeriana para su madre. Gritos de dolor e indignación me acompañaban. Miraba al alrededor y suspiraba; cada vez que alguien llegaba y me colocaba la mano en el hombro y decía: “mi más sentido pésame” había una sensación de ahogo en mi pecho, mi estomago comenzaba a revolverse y no había nada más que hacer que dejar escapar mis lagrimas.
¡Maldigo la noche del 15 de octubre de 2010! Noche fría y de malos presagios. 9:45 pm carretera panamericana, Francisco, Orlando, Leida y yo en el carro de camino a casa, 85Km/h, vidrios abajo, “Las caras lindas de mi gente negra” se escuchaba al fondo de nuestra conversación. Un carro nos adelanta, un frenazo, todos los cuerpos hacia delante, un susto, un reclamo por parte de Francisco: “mira, vale, está pendiente”.
Alguien de otro auto enfureció, balas penetrando nuestro auto, Francisco con una bala incrustada en su rostro. El auto a 150Km/h ahora vía al hospital, lagrimas y desesperación. Llegamos nos bajamos lo llevamos entre nuestro brazos. El doctor, la enfermera, la camilla. Nosotros sentados, llamando, llorando, pensado y a las dos horas: “lo siento, no pudimos hacer nada, acaba de morir”. Hoy 17 de octubre de 2010 a las 10:30am estamos velando a Francisco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario