Aquello me causó una repugnancia infinita. Me dieron demasiadas náuseas, sentí el vomito subir por mi garganta, no quería ni tocarlo. No sabía por dónde comenzar a limpiarlo. ¿Será que lo metía a bañar? ¿O sólo lo limpiaba con las toallitas?; ¡Es que estaba embarrado por todos lados!
Mi primer hijo, mi primera vez cuidando un niño, mi primera vez sólo solo con él. Yo soy algo tapao pa´eso de los trabajos domésticos; Pero, yo había visto a Adriana y pensé que esa vaina era fácil, pero verga, no me esperaba con esto. Antes de irse mi mujer viene y me dice: “Santiago, te dejé todo acomodado: los pañales, la crema para la pañalitis y las toallitas húmedas cerca de la televisión. La sopa está en la nevera lista para sólo calentarla. El bebé está bañado y vestido” y yo me dije: “No joda, se armó un limpió, esta vaina es más fácil que pelar una mandarina”. Adriana se fue y yo me acosté a ver TV con mi chamo, le dí comida y todo fino.
Pasó como una hora, algo así y el carajito ha empezado a llorar y llorar. Gateaba por toda la casa pegando unos gritos bestiales. Hasta que no aguanté más. Me agaché, lo cargué y sentí el mal olor; vengo y le digo: “Ay, papaíto, tu cómo que te cagaste”. Fui caminando hacía el cuarto, agarré las vainas pa limpiarlo, lo acosté en la cama, le bajé el monito y pego un grito: “Muchacho, ¿dónde tenías tanta mierda?” Se le había rebosado el pañal, la vaina era pastosa, verde y el olor no se aguantaba.
Cuando me dí cuenta, me había embarrado las manos. Entre el asco y la torpeza, agarré el paquete de toallitas lo abrí, tomé una y me limpié las manos. Enseguida, le quité cuidadosamente la ropa al bebé y a tiré al suelo. Desabroche el pañal, agarré cuatro o cinco toallitas y comencé a limpiarlo tratando de no volverme a llenar las manos pero, ¡no joda, me llenaba más y más! La mierda era pastosa y caliente, el vomito me subía y me bajaba. Entonces, dejé la mariconeria y empecé por el ombligo que estaba todo rebosado, bajé hasta las piernas y limpié los grandes muslos que tiene mi muchacho, cambié de toallita y limpié lo que le restaba de las piernas y la espalda, Cuando ya no tenía rastros, le pasé una última toallita por si acaso. Le eché crema, le puse el pañal y lo vestí con ropa limpia. Coño al fin había terminado aquella faena. Tomé una bolsa y metí toda aquella cochinada. Déjate de vainas, eso de cuidar a un bebé no es fácil, Adriana la próxima vez que se lo deje a su mamá.